¿Te gustaría ser mi Roma una vez más?

Meterme una bala entre ceja y ceja,

repertirme que no seré la única para ti

nunca,

y llorar porque no te virarás cuando me aleje del vagón con el corazón

echo trizas.

 

Mientras se fuma mis escritos,

entre calada y calada, el hijo de puta me repite:

“Escribirme no es conocerme.”

Yo no te escribo,

joder,

yo, te recreaba a mi imagen y semejanza.

Flores que marchitan

El día que yo me canse de verdad,
no me volverás a ver,
ni a saber nada de mí,
más.

Seré el viento que un día sopló tu nuca,
será, por fin, la última lágrima que derrame por tu culpa.
Tú serás el hombre que más quise en la vida,
pero todo se supera,
o eso dicen,¿no?

Dueles como un puñal clavado en la espalda,
tengo decepción en tus mentiras,
insomnio en las madrugadas
y un malestar en el cuerpo que no acaba.

Ya no puedo arrastrarme como una perra,
sollozar en la esquina como una puta,
ahora solo rabia
de lo que pudimos haber sido,
y no lo que fuimos.

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Mi error era pensar que quizá había algo de verdad en lo que me decías,
la ceguera en la que me intenté convencer que no eras así,
la locura a la que me sometí por descubrirlas.

Mamá

A mí lo que más me duele es notar una cana más en su cabello,
descubrir una arruga nueva en su rostro,
palpar más callos en sus delicadas manos,
la cansada forma en la que parece caminar.

No sé si es el indicio de que marchita,
porque plantaría millones de semillas más,
por ver nacer tan solo una flor como ella
(si es que habrá alguna vez, una como ella,
tierna y fuerte,
sensible y dura,
mujer luchadora).

No sé si es por la inseguridad de la economía,
porque atracaría bancos solo por tranquilizarla;
o por la precariedad del futuro,
tal que aniquilaría a dirigentes políticos,
-en concreto- por burlarse de ella,
-en general- por burlarse de las mujeres y hombres
que alimentan con sangre y sudor el futuro del país,
que somos nosotros, los jóvenes
(ojalá no los defraudemos).

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No sé si es por llámalo X, pero,..
ya no se oye a ninguna madre cantar canciones de cuna.
Algo ha cambiado.

Libertad (in)condicional

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Te dejo libre…
Para que puedas volar,
para darte la opción de marcharte de mi lado,
para que entiendas que la libertad también es sinónimo de soledad,
para que sepas que hay personas que son hogar;
y que yo soy una sintecho…
Si tú, mi (des)amor,
echas la cerradura
tiras la llave y
te vas.
Si tú, mi sol(edad),
abres las alas
abrazas el abismo y
te vas.
“[…] en cuántos despachos nocturnos restregarás tu columna
para acallar a golpes la gramola antigua de mis canciones,
en cuántos hostales vacíos ofrecerás tu insensata belleza
para ensuciar con minucia las corbatas que no me puse, […]” (Batania)
 .
 .
 .
.
(Mientras, cae la lluvia en las calles ásperas de Madrid…
Una persona caminando sola, una hoja que cae de su rama…).

Z

aaa

La caricia más tierna fue la del viento
de aquella madrugada,
ni tú supiste arreglarnos,
ni yo quise volver
(para destrozarme, otra vez no).

Si escribiera cuando estoy bien,
no hubiera empezado jamás.
E incluso así, me prometí no volver a hacerlo,
pero sabes que me prometo demasiadas cosas
que luego infrinjo por reincidente.

Tú eres el culpable de la muerte de la tinta,
del papel y de las noches.
Antes soy bala que pistola,
gasolina que fuego,
electricidad que bombilla.

Conseguiste derrumbar el muro
que construí alrededor de mis ruinas,
para bombardearlo,
y desde ese momento,
no
tengo
lugar
al
que
llamar
hogar.

Síntesis mental

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Si me dejara acariciar como una gata sumisa
y no callejera,
si no me ardiera la garganta cuando echo de menos,
si fuera más fácil de entender,
de comprender,
de consolar.
Si las noches no se me hicieran eternas
(sin ti),
si supiera quererme bien y mejor,
si entendiera a la soledad que me muerde la calma,
si saberme triste no fuera lo normal,
si riera con facilidad,
si mirara con ganas y no ausencia,
si no necesitara el alcohol para sentirme viva…

Si yo fuera como tú,
la vida me iría más estable,
sin silencios ruidosos que estallen contra mi mente,
exánime y coja,
y romperme en mil trozos fuera lo raro,
no lo habitual.

“Ahora escribe para ella y baila para todos.”

Yo quiero un fuego que me enseñe
a apagar los ruinas de mi interior,
que pueda marcarme sin necesidad de quemar(me)
y hacernos polvo,
y reconstruirme a cachos,
y poder quedar entera por primera vez desde hace años.

PD: Fuiste la ficción más real de mi vida

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Un día, dejarás de dolerme
y volveré a bailar bajo la tormenta,
nos cruzaremos por la calle y sonreiré
mirándote a los ojos,
porque ya no me duele el abandono,
porque las luces de la ciudad ya no gritan tu nombre,
porque ahora me sé querer más y mejor,
porque el infinito ya no lo encuentro en tu mirada,
ni las constelaciones en tus lunares.

Te regalo nuestra despedida,
no la necesito.
Nadie que decida irse de mi vida
merece que lo recuerde
(tú solo fuiste una excepción).

El placer del dolor.

Ser una chica triste es mi especialidad,
me rompo y me reconstruyo,
pero siempre, a medias.

Yo, la chica de las ruinas internas, ¿te acuerdas?

“Te quise en cada palabra, en cada beso, en cada hormigueo, en cada mirada. A pequeños detalles te quería, sin llegar nosotros nunca a ser nada grandes.” (Miguel Gane)

Debí saber que eras un problema,
de esos que acarician la piel,
la besan y la miman,
pero que después
la queman hasta convertirla en cenizas.
Tus dedos,
mi pelo,
tú y tu sueño de ser el mejor jugador,
yo y mis pesadillas de la infancia.

Voy por la avenida de los fantasmas,
y cuando miro al cielo
solo veo estrellas fugaces
(como tú),
a la luna temblar,
y me doy cuenta de que estoy corriendo
de la mano de mis recuerdos
para tropezar con tu mirada
y hacerme la loca,
la amante de los gatos y el gintonic.
Corro, corro y corro,
y no (me) encuentro una salida.

Hijo de puta,
no estoy hecha para tus laberintos químicos,
fóbicos,
tétricos
o románticos.

Para qué mentir,
todavía me desangro si te veo,
y eso que han pasado 5 estaciones
y sigues aquí dentro,
sin curarme siquiera.

Adiós,
corazón maltrecho.